…¿Y quién es mi
prójimo? – indagué
Al corazón de la vida.
Y el corazón de la
vida obedeciendo la Ley
Respondió con voz
clara y decidida:
Mira alrededor de ti,
donde el deber te lleve
Del espacio libre y
amplio a la senda estrecha y breve,
Observa en tu propio
hogar:
Es tu padre, tu madre,
tu hermano, tu pariente,
Y más allá del Grupo
familiar,
Es el vecino piadoso o intransigente,
Es el mendigo que pide limosna y te
visita la puerta,
El amigo con posibilidades de ampararte
Es aquel que padece
Privación o problema
en cualquier parte.
Es aquel que te olvida
Y el otro que te
humilla,
Escondiéndose en el
oro en el que se destaca y brilla
Para después caer
cuando se desilusiona.
Es aquel que se hace
símbolo de la virtud,
Y el otro que te apoya
o te hace concesiones.
Es aquel que te hurta
el lugar y el derecho,
Alimentando la sombra
del despecho
Sin que te sepa ver
las intenciones.
Es la mujer que te
guía hacia el bien
Y otra que atraviesa
las áreas de nadie
Avinagrando corazones…
Finalmente, el
prójimo, sea donde fuere,
Será siempre la
criatura
Que te busca donde
estás
Procurando de ti el
socorro y la paz,
Rogándote bondad,
amparo y comprensión,
Amistad y calor
Dándote la noble
ocasión
De seguir hacia la luz
en presencia del amor.
¿Y puedo sin el
prójimo vivir? Pregunté conmovida
Y dijo nuevamente el
corazón de la vida:
Enciende sin cesar la
luz del Bien,
Trabaja, sirve, cree,
llora, sufre y auxilia…
Sin el prójimo en tu
compañía,
NUNCA LLEGARÁS A SER ALGUIEN.
Maria Dolores
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