Volvió, pues, a entrar Pilato en el pretorio y llamó a Jesús y le dijo:
¿Eres tú el rey de los judíos? - Respondió Jesús: "Mi reino no es de este
mundo". Si de este mundo fuese mi reino, mis ministros sin duda pelearían,
para que no fuera yo entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí.
- Entonces Pilato le dijo: ¿Luego Rey eres tú? - Respondíó Jesús: Tú dices que
yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio a
la verdad; todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz. (San Juan, cap.
XVIII, versículos 33, 36 y 37).
Con estas palabras
Jesús designa claramente la vida futura, que presenta en todas las
circunstancias como el término a donde iba a parar la humanidad, el cual debe ser
objeto de las principales ocupaciones del hombre en la tierra; todas sus
máximas se refieren a este gran principio. En efecto, sin la vida futura, la
mayor parte de sus preceptos de moral no tendrían ninguna razón de ser; por
esto aquellos que no creen en la vida futura y se figuran que sólo habla de la
vida presente, no los comprenden o los encuentran pueriles.
Este dogma puede
ser considerado como el eje de la enseñanza de Cristo; por esto está colocado
entre los primeros, al principio de esta obra porque debe ser el punto de mira
de todos los hombres, El solo puede justificar las anomalías de la vida
terrestre y concordar con la justicia de Dios.
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