Virtud es también agradecer
el trabajo ajeno y caminar construyendo.
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Cuando transites por las
veredas, dirige un pensamiento de gratitud hacia quienes fabricaron las
baldosas con las que están hechas; alimentándote sentado a la mesa, acuérdate
de los sacrificios del labrador que trató la semilla que hoy, transformada en
pan, te llevas a la boca; en el hogar, recuerda a quienes levantaron el techo
que te cobija, tal vez arriesgando sus propias vidas; en una simple copa de
agua que aplaca tu sed, puedes meditar en cuántos brazos se unieron en
múltiples tareas con el fin de que tú la recogieras pura del grifo...
En todas partes se inclina
la vida frente a nosotros con el fin de que aprendamos de ella el don de
servir, amparándonos con su permanente atención.
No hay fruto que aparezca ya
maduro.
El humilde haz de leños que
te proporciona fuego, exigió una prolongada actividad de la Creación
Todo lo que existe de útil
demandó humildad, disciplina, constancia, paciencia.
La Sabiduría Divina todo 10
ha dispuesto para que los grandes y los pequeños se mancomunen en la
sustentación del bien eterno, conservándose cada cual en su propio nivel
característico.
El sol engendra las larvas.
Las larvas fertilizan la tierra.
La planta nutre al sabio. El
sabio erige la escuela.
Por más que brille en el
firmamento, la estrella no cumple con la función de la flor que perfuma, así
como el océano imponente no substituye al riacho que baña las entrañas de la
tierra para que el valle se corone de verdor.
***
Todo se esfuerza junto a
nosotros para que la alegría nos regocije hasta límites más allá de los
necesarios.
Si ya alcanzaste el
discernimiento iluminado por la convicción de la inmortalidad, posees ya
bastante resonancia en el raciocinio para oír el llamado constante que te hace
la vida: ¡Trabaja, trabaja!...
Si ya sabes que otros mundos
con distintos grados de evolución están eslabonados a éste, no desconoces que
tu merecimiento, aquí y en todas partes, será valorado por las obras que
realices.
Es por ello que no debes
dejarte invadir por el desánimo, ni tampoco confiarte al falso placer de la
haraganería.
Meditemos en las fuerzas del
Universo que nos sirven infatigablemente sin preguntarnos nada, y para que la
virtud se nos instaure genuinamente dentro del corazón:
¡Trabajemos, trabajemos!...
EMMANUEL
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