domingo, 13 de julio de 2014

EL CRISTO CONSOLADOR

Si me amáis, guardad mis mandamientos. - Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que more siempre con vosotros. - El espíritu de la verdad a quien no puede recibir el mundo, porque ni lo ve, ni lo conoce; mas vosotros lo conoceréis; porque morará con vosotros, y estará en vosotros. - Y el Consolador, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mí nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo aquello que yo os hubiese dicho. (San Juan. cap. XIV, v. 15,16, 17 y 26).

E.S.E. Cap VI Item 5. Advenimiento del Espíritu de Verdad
Vengo, comó en otro tiempo, entre los hijos descarriados de Israel, a traeros la verdad y a disipar las tinieblas. Escuchadme. El Espiritismo, como otras veces mi palabra, debe recordar a los incrédulos que sobre ellos reina la verdad inmutable, el Dios de bondad, el Dios grande que hace crecer la planta y levantar las olas. Yo revelé ladoctrina divina; yo, como un segador, até en haces el bien esparcido por la humanidad, y dije: Venid a mí, vosotros los que sufrís.
Pero los hombres ingratos se desviaron del camino recto y ancho, que conduce al reino de mi Padre y se han extraviado en los ásperos senderos de la impiedad. Mi padre no quiere aniquilar la raza humana; quiere que, ayudándoos unos a otros, muertos y vivos, es decir, muertos según la carne, porque la muerte no existe, os socorráis, y que no ya lá voz de los profetas y de los apóstoles, sino la voz de aquellos que ya no existen, se haga oír para gritaros: ¡rogad y creed! porque la muerte es la resurrección, y la vida es la prueba elegida, durante la cual vuestras virtudes cultivadas deben crecer y desarrollarse como el cedro.
Hombres débiles que comprendéis las tinieblas de vuestras inteligencias, noalejéis la antorcha que la clemencia divina pone en vuestras manos para iluminar vuestro camino, y conduciros como niños perdidos al regazo de vuestro Padre.
Estoy demasiado conmovido de compasión por vuestras miserias, por vuestra inmensa debilidad, para no tender una mano caritativa a los desgraciados extraviados que, viendo el cielo, caen en el abismo del error. Creedme, amad, meditad las cosas que se os revelan; no mezcléis la zizaña con el buen grano, las utopías con las verdades. ¡Espiritistas! amaos: he aquí el primer mandamiento; instruíos: he aquí el arraigado en él son de origen humano; y he aquí que desde más allá de la tumba donde creíais encontrar la nada, hay voces que os gritan: ¡Hermanos! nada perece: Jesucristo es el vencedor del mal; sed vosotros los vencedores de la impiedad. (El Espíritu deVerdad. París, 1860.)






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