miércoles, 13 de mayo de 2015

LA INGRATITUD DE LOS HIJOS Y LOS LAZOS DE FAMILIA

 Cap XXIV Item 9.

9. La ingratitud es uno de los frutos más inmediatos del egoísmo. Siempre causa indignación a los corazones honestos. Pero la de los hijos para con sus padres presenta un carácter todavía más detestable. Es especialmente desde ese punto de vista que vamos a considerarla, para analizar sus causas y sus efectos. En ese punto, como en todos los demás, el espiritismo proyecta luz sobre uno de los problemas del corazón humano.
Cuando deja la Tierra, el Espíritu lleva consigo las pasiones o las virtudes inherentes a su naturaleza, y se perfecciona en el espacio, o permanece estacionario hasta que desea ver la luz. Muchos, por lo tanto, se van llenos de odios violentos y de deseos de venganza sin saciar. Con todo, se permite que algunos de ellos, más adelantados que los demás, entrevean una parte de la verdad. Reconocen entonces las funestas consecuencias de sus pasiones, y son inducidos a adoptar buenas resoluciones. Comprenden que para llegar a Dios, sólo hay una contraseña: caridad.
Ahora bien, no hay caridad sin el olvido de los ultrajes y
las injurias. No hay caridad con el corazón dominado por el
odio. No hay caridad sin perdón.
Entonces, mediante un esfuerzo extraordinario, esos Espíritus consiguen observar a aquellos a quienes odiaron en la Tierra. Pero al verlos vuelve a despertarse la animosidad en lo íntimo de cada uno. Se resisten a la idea de perdonar, más aún que a la de renunciar a sí mismos, y principalmente a la idea de amar a los que tal vez les hayan arruinado su fortuna, su honor, su familia. No obstante, el corazón de esos desdichados se ha conmovido.
Dudan, vacilan, agitados por sentimientos contrarios. Si predominan las buenas resoluciones, oran a Dios, imploran
a los Espíritus buenos que les den fuerzas en el momento más decisivo de la prueba.
Por último, luego de años de meditaciones y plegarias, el Espíritu aprovecha un cuerpo que se prepara en la familia de aquel a quien ha detestado, y solicita, a los Espíritus encargados de trasmitir las órdenes supremas, permiso para cumplir en la Tierra los destinos de ese cuerpo que acaba de formarse. ¿Cuál será su conducta dentro de la familia escogida? Dependerá de su mayor o menor persistencia
en las buenas resoluciones que adoptó. El contacto ininterrumpido con los seres a los que ha odiado constituye una prueba terrible, bajo cuyo peso sucumbe en algunas ocasiones, en el caso de que su voluntad no se encuentre aún lo suficientemente firme. Así, conforme prevalezcan las buenas o las malas resoluciones, será amigo o enemigo de aquellos entre los que fue convocado para vivir. De ese modo se explican esos odios, esas repulsiones instintivas que se notan en algunos niños, a las que ningún hecho anterior pareciera justificar. En efecto, nada en esa existencia pudo provocar semejante antipatía. Para comprender su causa es preciso que se dirija la mirada hacia el pasado.
¡Oh espíritas! Comprended ahora el importante rol de la humanidad. Comprended que cuando producís un cuerpo, el alma que en él encarna viene del espacio para progresar.
Tened en cuenta vuestros deberes y aplicad todo vuestro amor para aproximar esa alma a Dios. Esa es la misión que se os ha confiado, y cuya recompensa recibiréis en el caso de que la cumpláis fielmente. Vuestros cuidados y la educación que habréis de darle favorecerán su perfeccionamiento y su bienestar futuro. Tened presente que Dios preguntará a cada padre y a cada madre: “¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?” Si permaneció retrasado por vuestra culpa, tendréis como castigo verlo entre los Espíritus que sufren, cuando de vosotros dependía que fuese feliz. Entonces, vosotros mismos, torturados por los remordimientos, solicitaréis reparar vuestra falta. Solicitaréis, tanto para vosotros como para él, una nueva encarnación, en la cual habréis de rodearlo con mayores cuidados, y en la que él, lleno de gratitud, os envolverá con su amor.
No despreciéis, pues, al niño que desde la cuna rechaza a su madre, ni al que os paga con ingratitud. No fue el acaso el que lo hizo así ni el que os lo confió. Una intuición imperfecta del pasado se revela, de lo que podéis deducir que uno u otro ha odiado mucho, o fue muy ofendido; que uno u otro vino para perdonar, o para expiar. ¡Madres!, abrazad al hijo que os da disgustos, y decíos a vosotras mismas: “Uno de nosotros dos es culpable”. Esforzaos por merecer los goces sublimes que Dios concede a la maternidad, enseñando a vuestros hijos que ellos se encuentran en la Tierra para perfeccionarse, amar y bendecir. Pero ¡ay!, muchas de vosotras, en vez de eliminar por medio de la educación los malos principios innatos que proceden de las existencias anteriores, alimentáis y desarrolláis esos mismos principios con una culposa debilidad, o por descuido. Más adelante, el corazón lastimado por la ingratitud de los hijos os indicará, desde esta vida, el comienzo de vuestra expiación.
La tarea no es tan difícil como podríais imaginar. No exige la sabiduría del mundo, pues tanto el sabio como el ignorante pueden desempeñarla. El espiritismo viene a facilitar ese desempeño, al dar a conocer la causa de las imperfecciones del corazón humano.
Desde la cuna el niño manifiesta los instintos buenos o malos que trae de su existencia anterior, y es preciso aplicarse a estudiarlos. Todos los males tienen su principio en el egoísmo y el orgullo. Vigilad, pues, las menores señales que revelen el germen de esos vicios, y tratad de combatirlos sin esperar a que echen raíces profundas. Haced como el buen jardinero, que arranca los brotes defectuosos a medida que los ve asomar en el árbol. Si dejáis que se desarrollen el egoísmo y el orgullo, no os espantéis más tarde de que se os pague con la ingratitud. Los padres que han hecho todo lo debido por el adelanto moral de sus hijos, y no obtuvieron el éxito deseado, no tienen por qué culparse a sí mismos, y su conciencia puede estar tranquila. En compensación por la muy natural amargura que experimentan por el fracaso de sus esfuerzos, Dios les reserva un importante e inmenso consuelo, mediante la certeza de que ese fracaso es apenas una postergación, y que se les concederá concluir en otra
existencia la obra que han comenzado en esta, hasta que un día el hijo ingrato habrá de recompensarlos con su amor.Dios no hace que la prueba sea superior a las fuerzas de quien la solicita. Sólo permite las que pueden ser superadas. Si alguien no lo logra, no es porque no tenga una oportunidad, sino porque le falta voluntad.
De hecho, ¿cuántos hay que en vez de resistirse a las malas inclinaciones, se complacen en ellas? A esos están reservados el llanto y los lamentos en existencias posteriores.
Con todo, admirad la bondad de Dios, que nunca cierra la puerta al arrepentimiento. Llegará el día en que el culpable se cansará de sufrir y en que su orgullo será finalmente vencido. Entonces, Dios abrirá sus brazos paternales al hijo pródigo que habrá de arrojarse a sus pies. Las pruebas difíciles, escuchadme bien, casi siempre son indicio del final
de un sufrimiento y del perfeccionamiento del Espíritu, en caso de que sean aceptadas con el pensamiento puesto en Dios. Es un momento supremo en el cual, sobre todo, lo que importa es que el Espíritu no cometa el error de quejarse, si es que no quiere perder el fruto de esas pruebas y tener que volver a comenzar. En lugar de quejaros, agradeced a Dios la oportunidad que os proporciona de salir vencedores, a fin de otorgaros el premio de la victoria. Entonces saldréis del torbellino del mundo terrenal para ingresar al mundo de los Espíritus, y allí seréis aclamados como el soldado que sale triunfante de la lucha.
Entre todas las pruebas, las más penosas son las que afectan al corazón. Hay quien soporta con coraje la miseria y las privaciones materiales, pero sucumbe bajo el peso de las amarguras domésticas, torturado por la ingratitud de los suyos. ¡Oh! ¡Cuán punzante es esa angustia! No obstante, en esas circunstancias, ¿qué puede restablecer mejor la entereza moral, sino el conocimiento de las causas del mal, y la certeza de que, aunque existan profundos quebrantos, no hay desesperaciones eternas? Pues no es posible que Dios quiera que su criatura sufra indefinidamente. ¿Qué hay más reconfortante, más estimulante que la idea de que depende de los esfuerzos de cada uno la posibilidad de abreviar el sufrimiento mediante la destrucción en sí mismo de las causas del mal? Para eso, sin embargo, es necesario que el hombre no detenga su mirada en la Tierra ni vea una existencia solamente, sino que se eleve para sobrevolar en lo infinito del pasado y del porvenir. Recién entonces la soberana justicia de Dios se os pone de manifiesto, y vosotros aguardáis con paciencia, porque encontráis una explicación para lo que en la Tierra os parecían verdaderas monstruosidades. Las heridas que ahí recibís no os parecen más que simples rasguños. En ese golpe de vista lanzado sobre el conjunto, los lazos de familia aparecen en su verdadera perspectiva. Ya no son apenas los lazos frágiles de la materia los que unen a sus miembros, sino los vínculos duraderos del Espíritu, que se perpetúan y consolidan al purificarse, en vez de diluirse con la reencarnación.
Los Espíritus que son inducidos a reunirse por la similitud de gustos, así como por la identidad del progreso moral y el afecto, forman familias. Esos mismos Espíritus, en sus migraciones terrenales, se buscan para agruparse, como lo hacen en el espacio, y de ahí se originan las familias.

REFLEXION
¿Cuál es la causa de la ingratitud en el corazón del hombre?La ingratitud es provocada por el egoísmo, sentimiento propio de los espíritus aún endurecidos e imperfectos.
2 ¿Qué explicación se puede dar a la ingratitud de los hijos para con los padres?
Cuando, en la presente encarnación, no hay motivo que la justifique, este sentimiento puede deberse a enemistades surgidas en vidas pasadas.
3 ¿A todo espíritu le es dada la oportunidad de encarnar como familiar de aquellos a quien odió, o por quien fue odiado?
Ciertamente que sí. Sin embargo, solamente los espíritus con algún progreso es que desean enfrentar esta prueba, por entender que, para llegar a Dios, es necesario practicar la caridad, perdonando y olvidando las injurias y los ultrajes recibidos.
4 Una vez que el espíritu tomó la resolución de encarnar entre enemigos de vidas anteriores, ¿le es fácil cumplirla?
No siempre es fácil la tarea. Para el espíritu le es penoso observar a aquellos que fueron causa de su padecimiento y ruina. Muchos desisten de la prueba; otros, en los cuales predomina la
buena resolución, ruegan a Dios y a los buenos espíritus ayuda para enfrentarla y vencerla.

¿Cómo se da la encarnación del espíritu en esas familias?
Tras años de meditación y oración, el espíritu obtiene permiso para cumplir su prueba. Se aprovecha, entonces, de un cuerpo en preparación en la familia de aquél a quien detestó, encarnando en él.
6 Una vez encarnado, ¿qué actitud podrá adoptar el espíritu, para con sus familiares?
Su procedimiento dependerá de la mayor o menor persistencia en cumplir las resoluciones tomadas antes de encarnar. Por tanto, conforme prevalezcan o no los buenos propósitos, él será amigo o permanecerá siendo enemigo de aquellos entre los cuales fue llamado a vivir.
7 ¿Cómo debemos actuar ante la ingratitud de los hijos?
Reconociendo que no fue el acaso que nos tornó siendo sus padres, ni los hizo así. Buscando todos los medios para superar estas disensiones en la presente encarnación, a través de la educación, de la orientación para el bien, del buen ejemplo y, sobre todo, del amor.


TEMAS COMPLEMENTARIOS


ESTUDIE Y VIVA E - Capítulo XIV -. Artículo 9 

ESPIRITA EN LA FAMILIA NO ESPIRITA

Con los grupos consanguíneos, tenemos que tener en cuenta que son uno de los temas más importante para nosotros, es decir, la de los espiritas  vinculado a compañeros de la familia  que no puede aceptar las enseñanzas del espiritismo.

A menudo, los amigos necesitan dentro de la  prueba recurrir a pedir Mundo Espiritual

orientação. orientación. Añorando en  el  entorno de ellos sus  propios ideales, quieren ser alentados por afectos suyos, deben ser alentados a sus logros y el mundo espiritual les respeta luego el libre albedrio, a veces vienen con duda pasando por alto los problemas y sin herirlos en la inciativa, son sacudidos en el corazón y están entre el deseo de escapar y el cumplimiento  del deber.

El espiritualista, sin embargo,que se comprometió con los parientes  no espiritas, permanece despierto  a la realidad de la reencarnación; usted sabe  que nadie asume obligaciones que revela en su   fuero intimo y que ninguno renace sin motivo, en este o aquel equipo familiar. El espíritu reencarna sirviéndose de los requisitos de afinidad, por elección propia, elige la expiación o la tarea particular, el espíritu  trabaja junto a aquellos con quien le compete evolucionar, mejorarse, liberarse de ciertas cargas o cumplir con los programas de orden superior y que no tiene el derecho de desear del taller del hogar solo porque no puede encontrar allí  con quien compartir los sueños de elevación.

Allí exactamente, se forjan inquietantes conflictos sentimentales, emocionalmente perturbadores para la construcción del ascenso al que se aspira.

Esposos difíciles,padres que no los comprenden, hermanos enigmas por problemas con hijos o hermanos que constituyen el cuerpo docente que necesitamos en la verdadera escuela de la familia. Con ellos y para ellos es que evaluamos  nuestras propias fallas con el fin de corregirlas . Podría decirse que, en la explicación evitamos ahora que el compañero sea inducido a la falta , ahora es nuestra obligación evitar que cometa el error.

Deseamos ahora hacer un llamado a la razón y no abandonar o interrumpir este ajuste que corresponde a la acción edificante para que nuestra conciencia este en paz con el deber cumplido.

Siempre que nos reconozcamos desambientados en la familia de cara a los principios espiritas, ante los entes queridos que no se muestren de inmediato dispuestos a abrazar la posición de deudor entre varios acreedores,con la valiosa posibilidad de resarcir nuestros débitos, o hacer un curso intensivo de burilamiento individual, con la bendita oportunidad  de adquirir un certificado de competencia en varias lecciones.

PUNTOS PELIGROSOS PARA LOS PADRES

Tenga en cuenta la importancia del ejemplo en la  escuela del hogar. Muchos ignoran que los niños vienen a reencarnar a través de ellos sin ser ellos( olvidando que  realmente son espiritus con una experiencia de vida.)

Trasforman a los niños en la familia  en adornos, huyendo de la formación y la ayuda que hay que darles desde el principio.

Imprudentemente ayudan a los niños  sobrecargándolos con obligaciones  incompatible con su  salud o lo que su forma de ser muestre.

Se distancian de la asistencia necesaria a los más pequeños con el pretexto de poder

compensarlo con  empleados dignos, que nunca podrá ser substituidos por lo que de ellos recibieran directamente por ser su responsabilidad.

Desconocen  que los niños son espíritus diferentes, portadores de la herencia moral

Que guardan en sí mismos, por los recuerdos o remanentes  felices o infelices de existencias anteriores.

Desean que sus hijos sean satélites, olvidando que ellos caminan en la trayectoria  que

Les es es peculiar, con pensamientos y actitudes personales.

Muestran desinteres en  los estudios que les conciernen.

Relegan sus mentes a las supersticiones y fantasías, sin prestarles  explicaciones

honestas respecto del mundo y de la vida.

No les piden el trabajo y la cooperación en la medida de sus posibilidades .

miércoles, 6 de mayo de 2015

LA CARIDAD


 

-¡Qué madrugador te has vuelto, muchacho! No dejas descansar a nadie en la casa. ¿No
sabes que una de las obras de caridad es no molestar al que duerme?
-¡Ah! ¿También la caridad se mezcla en esas pequeñeces?
-No son tan pequeñeces como tú crees; ¿te parece que es poco molesto quitarle a uno el
sueño, sin necesidad? Se debe respetar el descanso de todos, y no porque tú te empeñes en
madrugar, has de obligar a los demás a que abandonen su lecho antes de lo acostumbrado.
-Bueno, mamá, bueno; ya tendré cuidado de no hacer tanto ruido; y mira, lo mejor será
que salgamos cuanto antes, que ya papá nos alcanzará, porque yo, la verdad, no sé estarme
quieto pensando en las cosas buenas que tú me vas a contar referentes a la caridad.
-¡Ay, hijo mío!, si estuviera hablando un siglo sobre el mismo asunto, me quedaría doble
y, aun triple que contar de las hazañas que puede hacer la caridad.
La madre y el niño salieron al campo y no anduvieron mucho, pues el chiquillo estaba
impaciente porque su madre diera comienzo a su relato; la madre lo comprendió así y
empezó diciendo:
-El célebre orador eclesiástico don Vicente Manterola, dijo una vez, en el púlpito, que la
caridad era un mar sin orillas, y créete que en aquel momento le inspiraba el Espíritu Santo,
porque sin duda ninguna, la caridad encierra en sus prácticas evangélicas todo lo grande,
todo lo sublime, todo lo armónico, todos los sacrificios y toda la abnegación que se puede
pedir a un alma buena. Muchos creen que las obras de caridad se reducen a no negar una
limosna al pobre callejero, a visitar a los enfermos en el hospital, a repartir ropa a entrada
de invierno a los pobres que se mueren de frío, y aunque todo eso es muy bueno, las obras
de caridad abarcan mucho más.
-¿Mas que vestir al desnudo y dar posada al peregrino?
-Sí, hijo mío, porque el hombre no sólo se mantiene con el pan del cuerpo; necesita
también el pan del alma.
-¿Ese que dan los sacerdotes en el acto de la comunión?
-No, hijo mío; ése es un formalismo religioso, útil para los creyentes de esa religión;
pero el pan del alma a que yo me refiero es muy distinto.
-¿Y qué clase de pan es ése? ¡De qué se compone?-No tienes aún edad suficiente para que yo pueda explicarte los componentes de ese pan
espiritual, por más que ya pareces un hombrecito y se puede hablar contigo con toda
seriedad; así, pues, sólo te diré que no consisten únicamente las obras de caridad en dar de
comer al hambriento, en dar de beber al sediento y en dar posada al peregrino, como tú
dices; caridad es no divulgar los defectos de nuestro prójimo, no meter cizaña con nuestras
habladurías en nuestra familia ni en nuestros amigos; caridad es aconsejar oportunamente a
los que están ofuscados por malos pensamientos, evitando que el fuego del odio avive la
llama de la venganza; caridad es interesarse por el bien ajeno y llegar hasta el sacrificio por
ver a otro feliz, ocultando la parte que uno ha tomado en la solución de aquel problema.
-Entonces, ¿la caridad es el alma de la vida?
-Justamente; tú lo has dicho; bien dice el refrán, que <<los niños y los locos dicen las
verdades>>. ¿Te acuerdas de tu tía Esperanza?
-¿De la hermana de papá? Ya lo creo que me acuerdo, porque me quería mucho, y debe
estar en el cielo, porque era muy buena.
-No lo sabes tú bien; dejó de ser feliz, porque otra mujer lo fuera.
-Cuéntame, cuéntame eso, que debe ser muy interesante.
-No es muy a propósito en tus cortos años hablarte de amores; pero como el ejemplo es
bueno, te contaré a grandes rasgos el episodio más culminante de la vida de tu tía
Esperanza.
-¡Parece que la estoy viendo, tan viejecita! Siempre vestida de blanco.
-Su traje simbolizaba la pureza de su alma; la casaron muy joven con un anciano, y al
año de casada quedó viuda, dueña de una inmensa fortuna, pero muy delicada de salud;
para recobrarla, le ordenaron unos baños y se trasladó a un balneario, donde acudían los
débiles y los anémicos. Los bañistas la recibieron muy bien y pronto se captó las simpatías
de todos por su sencillez y su amabilidad. Entre los enfermos había una jovencita a la cual
los médicos habían condenado a muerte, por su extremada debilidad. Efectivamente.
Amelia era una flor que se había marchitado sin abrir, y tu tía Esperanza le tomó mucho
cariño, porque no tenía madre, y ella le hacía las veces de hermana mayor, y Amelia
depositó en ella sus inocentes secretos. Tu tía pronto comprendió que la joven estaba
enamorada de un caballero muy apuesto y muy gentil que se hallaba en el balneario
acompañando a una hermana suya; Gonzalo era lo que se llama un buen mozo, de muy
buen trato, muy galante con las señoras, y a Amelia la trataba con mucho cariño, y decía
que le despertaba mucha lástima aquella flor sin abrir; Gonzalo era el niño mimado de
todas las enfermas, y él para todas tenía las más delicadas atenciones; pero en quien se fijó
formalmente fue en tu tía Esperanza; se declaró a ella y le pidió su mano para casarse a la
mayor brevedad. Tu tía se puso muy contenta, porque desde que le vio le amó; pero en el
momento que le iba a decir que sí, que ella también le amaba, pensó en Amelia, y le pidió
un plazo para contestarle. Amelia, por su parte, había notado que Gonzalo ya no estaba tan
obsequioso con ella, y que todas sus atenciones y sus desvelos eran para tu tía Esperanza;
ésta trató de sondear el corazón de la pobre niña, y vio con espanto que estaba herida de
muerte, que si no se casaba con Gonzalo, moriría de pena; la niña se había despertado y la
mujer lloraba sin consuelo, conociendo que amaba sin esperar recompensa, y tu tía se
impresionó tanto con la ingenua confesión de la niña, que a solas con su conciencia se fue a
pasear lejos del balneario, y, en un bosque, se postró en tierra diciendo: <<¡Dios mío...! Yo
amo a Gonzalo, pero Amelia le ama también. Yo puedo hacerla dichosa uniéndola al
elegido de su corazón; en cambio, yo no seré feliz si causo la muerte de Amelia. ¡Pobrecita!
No tiene madre; me ha abierto su corazón y me ha dejado leer en él; yo no puedo ser
dichosa causando su desgracia; en cambio, si la veo feliz, daré gracias a Dios por haberme
sacrificado en bien de ella...>> Y acto seguido llamó a Gonzalo y le dijo: <<He titubeado,
porque toda mujer es frágil, y olvidé por algunos momentos que juré a mi esposo no dejar
de usar su ilustre apellido en toda mi vida; mi resolución es irrevocable, y ya que yo no
puedo ser dichosa, quisiera que usted me ayudara en una buena obra; quisiera que entre los
dos hiciéramos un acto de caridad. Amelia está desahuciada de los médicos; pero yo creo
que Amelia vivirá si usted le da su nombre y su amor; me lo ha confesado todo; le ama a
usted como sólo se ama una vez en la vida, y sufre horriblemente, porque ha comprendido
que nosotros nos amábamos. Nuestra unión es imposible; pero en cambio podemos hacer
feliz a un alma que la despertar le ha dirigido a usted su primera mirada de amor.>>
Gonzalo no cedió en sus pretensiones; per tu tía supo conmover su corazón de tal modo;
le rogó, le suplicó tanto y tanto que tuviera piedad de aquella pobre niña, que al fin Amelia
escuchó muy sorprendida la formal declaración de Gonzalo, aceptando su amor y su
promesa de casamiento, revelando una satisfacción inmensa, satisfacción de la que hizo
partícipe a Esperanza, que la abrazó dando gracias a Dios de haberla inspirado tan bien.
Algunos meses después Amelia se casó con Gonzalo, tu tía fue la madrina de boda, y
Amelia ignoró siempre que debía su dicha a una obra de caridad. Muchos hijos llenaron su
hogar; su marido fue un hombre de bien, que nunca le reveló el sacrificio que habían hecho
tu tía y él por hacerla dichosa, porque en realidad los dos se amaban; pero jamás se
arrepintió tu tía de su obra de caridad, porque se horrorizaba al pensar en la muerte de
Amelia, que hubiera apelado hasta al suicidio al perder la esperanza de unirse a Gonzalo.
Ya ves, hijo mío, hasta dónde llegan las obras de caridad.
-Lo llenan todo.
-Es verdad, hijo mío; lo llenan todo; ejercen su poder junto al lecho de un hospital y al
pie de un trono; si Dios hablara con la Humanidad, podríamos decir que la caridad es el
idioma de Dios.
-¿Y obra de caridad será también enseñar al que no sabe?
-Ya lo creo; una de las obras de caridad más importantes es despertar las inteligencias y
hacerlas pensar en su pasado, en su presente y en su porvenir.
-¿Entonces los sacerdotes y los maestros hacen obras de caridad enseñando lo que saben
a los niños y a los hombres?
-Ya lo creo que sí, aunque unos y otros reciben por lo que enseñan alguna retribución, y
la verdadera obra de caridad, la mejor, es aquella que se practica sin estipendio ninguno; es
hacer un bien sin esperar más recompensa que la íntima satisfacción de haberlo hecho.
-Pues, yo quiero hacer muchas obras de caridad, para estar contento de mí mismo, como
lo estuve el otro día, que di al hijo del mozo de cuadra mi caballo de madera y mi elefante
de cartón.
-Y yo estuve más contenta que tú y el agraciado, porque un juguete con máquina para un
niño pobre , es un placer inmenso por lo inesperado; a los niños pobres se les da
generalmente golosinas o pan en abundancia en las grandes festividades; pero juguetes de
valía, no; y cuenta tú que a los niños les hacen más falta los juguetes que el comer.
-Si que es verdad.
-Tú, hijo mío, no has carecido de ellos.
-Pero me he fijado mucho en los niños que me miraban cuando me paseaba en mi caballo
de madera, y muchas veces te he dicho que he roto los sables y las escopetas y no los he
roto, los he dado a los niños que pedían limosna.
-Ya lo sé; la mirada de una madre vigila siempre; yo sabía que tú no eres destrozón, y,
por consiguiente, instintivamente hacías obras de caridad.
-Pues las hacía sin saberlo, porque yo creía que hacer caridad era únicamente dar pan alhambriento.
-Todo es pan, hijo mío; los juguetes también son pan para el niño a quien nunca sus
padres han podido comprar una escopeta de caña. De todo aquello de que carece, está
hambriento el hombre; de pan el verdadero mendigo, de amor el huérfano, de consideración
social el pobre vergonzante; todos tenemos hambre, y la caridad es la encargada de saciar a
todos los hambrientos.
-Pues, yo quiero saciar a muchos hambrientos.
-Y yo me alegro muchísimo de que tengas tan buenas intenciones, porque así tengo la
seguridad de que serás dichoso en medio de las más grandes tribulaciones.
-Y mañana, ¿sobre qué hablarás?
-Sobre la humildad
-¿Es una gran virtud la humildad?
-Ya lo creo que lo es; el verdadero sabio es el más humilde; lo mismo que el hombre más
caritativo también lo es.
-¿Y cuesta trabajo ser humilde?
-Según y conforme; pero como la humildad es una virtud, hay que adquirirla también por
medio del sacrificio, como se adquieren todas las virtudes.

ACTITUDES DE URGENCIA


A favor de la paz en ti y en torno de ti, no te olvides de la actitud de urgencia.
Cultiva la fe en Dios, para que no te falte la tranquilidad del espíritu.
Siempre actúa buscando servir.
Recuerda que no hagas a otros lo que no quieres para ti.
Haz todo el bien que pudieres, donde pudieres y a cuanto pudieres.
No cobres impuestos de gratitud.
 Abstente de ver los defectos del prójimo, recordando que todos nosotros somos espiritus vinculados a la evolución en la tierra, todavía tenemos el lado oscuro de nuestro ser por iluminar.
Evita el resentimiento, para que el odio no se te convierta en el  cuchillo y el veneno de la vida y el corazón.
Olvida los insultos sin condiciones con la certeza que los atacantes pertenecen a los agresores.
Ya que no siempre se puede vivir sin los opositores no olvides el respeto que les corresponde.
Si erraste, date prisa a corregirte.
Si has herido a alguien solicita disculpas a quien perjudicaste, re parando esa o aquella falta cometida.
Cumple con el deber en que te empeñaste. No descargues en otros hombros las obligaciones que te competen.
Guarda fidelidad a los compromisos asumidos, para que tus otros compañeros se mantengan fieles.
Mantente correcto en las tareas pequeñas para que estas mismas tareas no se te conviertan en grandes y pesadas tareas.
En los instantes de crisis, no te supongas como la única persona en prueba en la tierra,para que tu dolor no se  convierta en perturbación.
Trabaja siempre y se útil, evita transitar por los laberintos del tiempo perdido, a{un cuando te reconozcas sin la necesidad de trabajar.
Utiliza con cuidado la vida y la propiedad reconociendo que todo pertencece a Dios, que por amor, te presta semejantes recursos y que en el momento oportuno, tu lo precisaras devolver.
 Con estas directrices, seguiremos tranquilos  en el camino aunque tengamos por delante las imperfecciones que tenemos,   estaremos con la bendicion de Dios, una condicion de constructores de la paz.

lunes, 4 de mayo de 2015

EL AMOR



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RETOMANDO LAS VIRTUDES CON AMALIA DOMINGO SOLER, AHORA BIENVENIDO EL AMOR INVENCIBLE ... FUERZA QUE MUEVE AL MUNDO...

-¡Qué hermosa mañana...! ¡Mamá! ¡Papá! ¿No estáis vestidos todavía?
-Muchacho -le dijo su padre-, tu madre ha pasado muy mala noche, y ahora está; descansando; no alborotes.
-¿Y me quedaré sin paseo, sin almuerzo al aire libre y sin historia? Eso no puede ser.
-Vaya si podrá ser; saldrás conmigo; por complacerte, te acompañaré a la fuente que tú quieras, beberemos un buen vaso de agua fresquita, y así se nos aumentará el apetito, y volveremos a casa con más hambre que veinte cesantes juntos; tu madre ya estará levantada y almorzaremos en paz y en gracia de Dios y mañana será otro día.
-No me conformo; yo quiero que mamá se levante.
-Eres muy exigente; pues yo no quiero que se levante.
-No os enfadéis; haya paz entre los príncipes cristianos, como dicen los predicadores católicos -dijo la señora, saliendo de su alcoba, a medio vestir, y abrazando a su esposo y a su hijo.
-Siempre serás la misma; siempre te dejarás gobernar por este muchacho tan malcriado.
-No te enfades, hombre, no te enfades; ¿a quién mejor puedo complacer que a mi hijo?
-Sí, papá, sí; no te pongas serio conmigo. Anda, mamá, anda; vístete pronto y vámonos por esos campos de Dios.
Poco después salieron los tres y pasearon por el bosque, almorzaron, y junto a una fuente se sentaron muy contentos, en particular el niño, que tan pronto acariciaba a su padre como a su madre, diciendo alegremente: <<¡Qué bien se está en el campo! ¡Nunca me pude figurar que no teniendo compañeros de mi edad estuviera tan divertido y me parecieran los días tan cortos, deseando siempre que llegue mañana!>>
-Pues, es muy natural lo que te sucede -dijo el padre.
-Ya lo creo -replicó la madre-, como que todo el año estás en el colegio, menos el corto plazo de las vacaciones, no disfrutas de nuestro cariño, que es inmenso.
-¿Y por qué me tenéis en el colegio? Yo, creo, mamá, que aprendo más una hora hablando contigo, que toda una semana hablando con el maestro, y si es con papá, me sucede lo mismo: cuando me habla de Historia Natural, de Geometría, de Aritmética y de cuanto me enseñan en el colegio, le entiendo a él mucho mejor que a los profesores.
-Por una temporadita todo marcha bien; pero después los niños tomáis demasiada confianza y se pierde todo lo ganado; los padres no servimos para enseñar.
-Ni las madres tampoco; el amor no es buen maestro.
-¿Qué dices, mamá?
-Lo que oyes.
-Las madres y los padres somos demasiado indulgentes; ¿no ves que somos los que más y mejor queremos en la Tierra? Está demostrado que el hombre más rudo y degradado se regenera ante la cuna de su hijo; cuenta, creo que Catalina, que conocía a un borracho incorregible, que vivía en una de las buhardillas de su casa, que diariamente se embriagaba y diariamente daba una paliza a su pobre mujer, que sufría en silencio la brutalidad de su marido. En aquel hogar, sin fuego, nació un niño, y el borracho se quedó asombrado mirando a su hijo, sin dejar por esto de apalear a su compañera; mas llegó una noche en ocasión que la pobre mujer tenia al niño dormido en sus brazos, y como estaba tan acostumbrada a los malos tratos de su marido, instintivamente cubrió al pequeñuelo con su delantal y con sus brazos, y le dijo a su esposo: <<¿Qué te pasa? Acaba de una vez>>; y el borracho, apoyando el dedo índice en sus labios, murmuró: <<¡No, no; hoy no quiero pegarte, que se despertaría el niño!>>
-¡Ay, qué bonito es eso, mamá...!
-Tienes razón, hijo mío -dijo el padre muy conmovido-. Se quiere a los hijos sobre todas las cosas de este mundo; por eso dice tu madre muy bien: <<El padre no es buen maestro.>>
-Ni la madre es buena maestra, porque es demasiado indulgente; y si no, Bartr5ina, que era un espíritu tan desengañado, tan enemigo de sensiblerías, mira lo que refiere pintando el amor de una madre.
-¿Qué dice, mamá? ¿Qué dice?
-Que un joven tenía una novia tan celosa y tan exigente, que le dijo un día a su prometido: <<Creo que a tu madre la quieres más que a mí, y no me casaré contigo si no matas a tu madre y me traes su corazón>>; y el joven, ciego por su pasión loca, mató a su madre, le arrancó el corazón y echó a correr para llevar a su amada el sangriento presente; mas en su vertiginosa carrera se cayó y le dijo el corazón de su madre: <<¿Te has hecho daño, hijo mío...?>>
-¡Ay, mamá! ¡Qué grande es el amor maternal!
-En la Tierra no hay otro que le iguale; el padre educa, el padre instruye, el padre aconseja; ¡la madre ama! Ama incondicionalmente; tanto le da que su hijo sea un santo o un criminal; ella no sabe más que amarle, mejor dicho, sólo quiere amarle; el padre, a veces, si su hijo es un miserable, le delata a la justicia para que ésta le castigue y le haga entrar por vereda y le impida cometer nuevos desaciertos; la madre no delata nunca a su hijo, y madre ha habido que le ha dicho a su hijo: <<¡Huye! ¡Salvate! Dame esa arma homicida y yo apareceré como la única culpable.>>
-¿Y ha habido hijo que lo ha consentido?
-Sí; hay hombres que son peores que las fieras.
-¡Ay! ¡Qué desgracia tan grande será el nacer malo!
-Sí, hijo mío; no cabe mayor infortunio.
-Lo que yo no comprendo, es cómo Dios consiente que esos seres tan malos tengan madres tan buenas...
-Porque los enfermos más graves son los que necesitan los mejores médicos, y un criminal es un enfermo gravísimo, es un ciego que no llegaría a ver la luz si no tuviera quién le amara. ¿Te acuerdas el año pasado, cuando estuvimos visitando aquel Penal de mujeres? Tú me dijiste, mirando a una señora que estaba bordando junto a un balcón: <<Mamá, ¿cómo está aquí esta señora? ¡Si tiene cara de santa!>> Y yo te dije: <<¡Quién sabe si lo será!>>
-Sí, sí que me acuerdo.
-Pues, no te equivocabas en tu juicio; aquella mujer, criada en la opulencia, rodeada de todas las comodidades y de todos los honores, casada, y madre de un libertino, de un desequilibrado, de un malgastador, que mató a disgustos a su padre y arruinó completamente a su madre, coronó su obra robando y matando a un rico banquero, y su madre hizo huir al matador, y con el puñal ensangrentado se presentó al juez, diciendo: <<Yo soy la culpable; mi hijo necesitaba oro; yo no tenía ya nada que vender ni que empeñar; quería que él se fuera lejos, muy lejos, para que así no deshonrara el ilustre apellido de su padre, y robé y maté para salvar a mi hijo; él ya está lejos; aquí estoy yo.>> L justicia, como es muy natural, se apoderó de ella; la familia del banquero asesinado empleó toda su influencia para conseguir lo que consiguió, que la matadora sufriera la condena de prisión perpetua, y ella entró en la Galera tranquila y serena. Como era tan buena, sus carceleras y sus compañeras decían siempre: <<Esta mujer ha mentido; esta mujer no es criminal; no puede ser, es imposible que lo sea.>> Y hace más de un mes que cayó enferma, y al médico y al confesor les dijo: <<Voy a morir, y no quiero mentir en mis últimos momentos; y además, hago esta confesión porque no sé dónde está mi hijo, y no lo sé, porque le dije: No me digas nunca dónde estás, no sea que en un momento de delirio pueda perderte; sírvate mi sacrificio de ejemplo para saber hasta dónde llega el heroísmo de una madre>>; y murió aquella infeliz, rodeada de sus compañeras, que decían a voz en grito: <<¡Era una santa! ¡Era una santa...!>>
-Sí que lo fue; ¿y tú qué dices, hijo mío?
-¡Ah, papá de mi alma! Yo pienso en el hijo y no sé qué siento por él.
-Compadécele, hijo mío, compadécele; su madre, si pecó, pecó, por amor; es verdad que dejó libre a un criminal; pero, ¡ay!, ese criminal lo había llevado escondido en sus entrañas; había recibido su primera sonrisa, su primera mirada; había escuchado esa frase divina que suena en el oído de las madres mas armoniosamente que todos los cantos de los ruiseñores, cuando él le dijo: <<¡Mamá! ¡Mamá...!>> había sostenido sus primeros pasos; le había enseñado a rezar; le había preguntado: <<¿Donde está Dios, hijo mío?>> Y el niño había extendido su diestra y señalando al cielo había dicho: <<¡Allí! ¡Allí...!>> Aquella mano, luego, con el transcurso de los años, se había levantado armada de un puñal; mas para su madre no existía el asesino; no existía más que su hijo, aquel niño que tantas veces se había refugiado en sus brazos, ¡y salvó a su hijo...!
-Bien dices, mamá bien dices, que sólo las madres saben amar.
-Si, hijo mío; en la Tierra, madre y amor son sinónimos. <<Todo ama en la creación -decía Victor Hugo-; de tal modo, que, si no existiera el amor, se apagaría el Sol.>> Y es la verdad; la generalidad no cree que es amor más que el lazo que une al hombre y a la mujer, lazo por el cual se crea la familia, y el amor tiene tantas y tantas demostraciones, que éstas son innumerables; ¿acaso pueden contarse las gotas de rocío y los granos de arena que hay en los arenales? No; pues tampoco se pueden contar las manifestaciones del amor, porque todo ama, desde los astros hasta los insectos. Creo que fue Flammarión el que dijo que <<la atracción es el amor de los mundos, y el amor es la atracción de las almas>>.
-¿Y cómo, reinando el amor, los hombres cometen tantos crímenes?
-¿Y acaso sabemos nosotros lo que aumentaría la criminalidad si el amor no reinara en la Tierra?
-También tienes razón.
-¿Tú sabes el gran papel que desempeñan las madres en este mundo? Por regla general, los criminales más empedernidos han nacido en medio del arroyo; se han criado en la inclusa; más tarde, en el hospicio; después..., en la calle... Luego, en la cárcel han completado su educación, y en el presidio se han doctorado.
-¡Infelices...! ¡Ay, qué feliz soy yo de haber nacido entre vosotros!
Y el niño abrazó a sus padres llorando de alegría.
-Sí, hijo mío, bien puedes llamarte dichoso, tu padre y yo no tenemos otra aspiración que educarte, que instruirte, que hacerte amar todo cuanto te rodea porque amando serás bueno, y la sabiduría te vendrá por añadidura, como premio a tu amor al prójimo.-Y mañana, ¿sobre qué hablarás?
-Sobre la caridad, que es una hija predilecta del amor.
-¿Y se practica la caridad, mamá?
-Sí, hijo mío; a medias.
-¿A medias?
-Sí, a medias, porque a su sombra se hacen muy malas obras; pero es aquello: <<del agua vertida alguna recogida>>, y <<más vale algo que nada>>.
-Yo quiero que tú me enseñes a ser caritativo de verdad.
-Descuida, de eso se encargará tu padre; ya irás con él a visitar pobres vergonzantes, y allí aprenderás a llorar con los que lloran.
-¡Ah, sí, sí; y entonces en vez de contarme tú historias, yo te las contaré a ti.

EVANGELIO Y ALEGRIA


EXHORTACION A VIVIR CON ALEGRIA EL EVANGELIO "LA BUENA NUEVA ES AHORA  EN EL AHORA.

Resultado de imagen de EVANGELIO Y ALEGRIAComete gran injusticia quien afirma encontrar en el Evangelio la religión de la tristeza y la amargura.
Indudablemente, el clero muchas veces impregnó el horizonte cristiano de nubes sombrías con ciertas ceremonias del culto exterior, pero el Cristianismo es, en esencia,la revelación de la profunda alegría del Cielo en medio de las sombras de la Tierra.
 
La venida del Maestro es precedida por la visita de los ángeles.
María, jubilosa, conversa con un mensajero divino que la ilustra sobre la llegada del Embajador Celestial.
Nace Jesús en un humilde pesebre que se ilumina con el fulgor de inesperada estrella.
Los pastores son atraídos por un emisario espiritual, materializado repentinamente
frente a ellos, que se declara portador de "noticias de enorme regocijo" para todo el pueblo. En ese mismo instante, voces cristalinas entonan cánticos en lo Alto, glorificando al Creador y ensalzando la paz y la buena voluntad entre los hombres.
Empiezan a reinar la alegría y la esperanza.
Más tarde, el Maestro inicia su apostolado en una fiesta de bodas, subrayando el
alborozo de la familia.
El Señor comienza sus predicaciones al borde de un lago, en pleno santuario natural, como si dentro de un templo de piedra percibiera limitación y estrechez para propagar su palabra en el mundo. Flores y pájaros, luz y perfume constituyen el marco de sus enseñanzas.
Multitudes oyen su voz balsámica.
Enfermos y tullidos se embriagan de infinito consuelo.
Pobres y afligidos vislumbran nuevos horizontes para el futuro.
Mujeres y niños lo acompañan alegremente.
El Sermón de la Montaña es el himno de las bienaventuranzas que suprime aflicciones y desesperación.
Por donde pasa el Divino Amigo se instala contagiosa alegría.
En pleno campo se multiplica el pan destinado a los hambrientos.
El tratamiento dispensado por el Maestro a los sufrientes, que eran considerados inútiles
o despreciables, crea nuevos patrones de esperanza en el mundo.
El apostolado de la Buena Nueva se desenvuelve en un clima de alegría perfecta.
Cada criatura que registra las notas consoladoras del Evangelio empieza a contemplar el
mundo y la vida a través de un prisma diferente.
La Tierra se le aparece como bendita escuela de preparación espiritual, con oportunidades santificantes para todos.
Cada enfermo que recupera la salud es vehículo de buen ánimo para toda la comunidad.
Cada sufriente que es confortado constituye edificación moral para la turba inmensa.
Magdalena, que se ennoblece en el amor, es la belleza que renace eterna y Lázaro, que
se yergue del sepulcro, es la vida triunfante que resurge inmortal.
Y aun de las lágrimas de sangre de la cruz, el Señor hace que fluya el manantial de la
vida victoriosa para el mundo entero, para que el sol de la resurrección brille sobre toda
la Humanidad y sustente su crecimiento espiritual en dirección a los siglos sin fin.

NUBES

"Y salió de la nube una voz que decía: Éste es un llamado Hijo, a él o hizo." -(Lucas, 9:35.)
 

El hombre, casi siempre, tiene la mente absorta en la contemplación de las nubes que les surgen en el horizonte. Son nubes de contrariedades, de proyectos frustrados, de esperanzas deshechas.
A veces, se desesperan envenenando las fuentes de la propia vida. Desearía, invariablemente, un cielo azul a distancia, un Sol brillante en el día y luminosas estrellas que le embelesasen la noche. No obstante, aparece la nube y la perplejidad lo toma, de súbito.
Nos cuenta el Evangelio planos e historia de una nube.
Se encontraban los discípulos deslumbrados con la visión de Jesús transfigurado, teniendo. De si a Moisés y Elías, aureolados de intensa luz.
He aquí, entretanto, que una gran sombra comparece. No distinguen más el maravilloso cuadro. Todavía, del manto de niebla espesa, clama la voz poderosa de la revelación divina: "Este es mi amado hijo, a él oíd".
Se manifestaba la palabra del Cielo, en la sombra temporal.
La existencia terrestre, efectivamente, impone angustias inquietantes y aficiones amargas. Es conveniente, con todo, que las criaturas iguales serenidad y confianza, y en los momentos difíciles.
Las penas y los sin sabores de la lucha planetaria contienen esclarecimientos profundos, lesiones ocultas, nuevos grandiosos. La voz sabia y amorosa de Dios habla siempre a través de ellos.