
A semejanza del ácido que corroe la
superficie en que se encuentra, la pena va desgastando poco a poco los
delicados engranajes del hombre, destruyéndole el complejo sistema de su organización
psíquica.
La pena es consejera despiadada y artesana de
males cuyos efectos son imprevisibles.
Penetra en el centro del ser y
envenena, impidiendo que reciba los socorros del optimismo, de la esperanza, y
de la voluntad en relación a los factores que lo provocan.
Al instalarse arma a su víctima de
impiedad y rencor, llevándola a actitudes desesperadas, desde allí satisface la
vil programación.
Exhala amargura e incomodidad, expulsando a
las personas que intentan contribuir para su transformación, gracias a las
altas cargas vibratorias negativas, que se exteriorizan en mal humor.
*
Quien acumula penas, recolecta basura
mental. Reacciona a los intentos de
alojamiento de la pena en tus sentimientos.
No estás en el mundo por casualidad, sino
con fines establecidos que debes atender.
Acompaña la marcha del sol, y enriquece
de luz alumbrando la sombra de los resentimientos destructivos.
Sonríe al infortunio, agradeciendo la
oportunidad de superarlo a través de los valores éticos y educativos que ya posees,
evitando que la pena te consuma.
Joanna de Angelis del libro Episodios diarios.
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