jueves, 23 de abril de 2015

GUIAS ESPIRITUALES



Nunca se cansan de inspirar y socorrer.
Jamás abandonan a sus pupilos o desisten de la acción de beneficencia al lado de ellos.
Siempre se valen de las mínimas libertades para inculcar las ideas felices y el bien eficiente.
Vigilantes, son el apoyo en el desfallecimiento, el coraje en la desesperanza y la fuerza en el momento del  desánimo.
No estimulan la insensatez. No imitan a la vanidad o al orgullo venenoso.
Discretos, pasan a veces, desapercibidos, no obstante, están siempre presentes.
Generosos, no descuidan la disciplina o la energía.
Gentiles, censuran el error, sin embargo amonestan con cariño, con decisión.
Caritativos, preservan hasta el agotamiento que no los alcanza, porque se renuevan en el amor a Dios, que nunca les falta.

Asumen el compromiso de apoyar, antes que se inicie la experiencia carnal del tutelado y no lo terminan ni siquiera, cuando se rompen los lazos corporales.
Varían las técnicas de socorro, conforme la ocasión y las necesidades.
Repiten el discurso de amor y de protección mil veces, al presentar entonaciones nuevas y cordiales.
No se exasperan, pero tampoco se mantienen en complicidad.
…Son los guías espirituales de los seres humanos.
Nadie, en la Tierra, se encuentra sin la protección de ellos en nombre de Dios.
Son ángeles guardianes, laboriosos y nobles, que interceden, respaldan y amparan a los hombres, protegiéndolos de las imperfecciones que les afean el carácter y apara cuya purificación volverán a la reencarnación.
Haya lo que hubiere, incluso rechazados y maltratados, no desprecian a los protegidos rebeldes, que más aman, propiciándoles en diversas ocasiones, el beneficio del sufrimiento que los despierta para las realidades mayores.
Sabiendo que el dolor es el método más eficaz además de el amor, lo atenúan, al confiar que el cincel burilador realiza el milagro de tallar las aristas y liberar la gema preciosa, que es el Espíritu adormecido en la ganga (*) de la ignorancia y de la perversidad.

Si pretendes alcanzar las estrellas, volar libre en la inmensidad, soñar y vivir el amor sin límites, haz silencio interior y oirás a tus abnegados Guías Espirituales, que esperan tu decisión de felicidad, desde hace mucho tiempo, y están prontos a extenderte las manos angelicales y salvadoras.

(*) Ganga (del francés gangue) f. Min. Materia que acompaña a los minerales y que se separa de ellos como inútil.//(del alemán gang) s.f. Min. Residuo generalmente no aprovechable de un yacimiento de filón, el cual puede no obstante, en ciertos casos, contener substancias económicamente útiles. (Dicc. De la Leng. Esp., RAE., 21ª edición, Edit Espasa Calpe S.A., España. // Novo Dic. Aurelio da Lín. Port., Edit. Nova Fronteira, Brasil)
Libro : MOMENTOS DE CORAJE   JOANNA DE ANGELIS

RELACION ENTRE PADRES E HIJOS

Padres e hijos.
La ingratitud es uno de los frutos más inmediatos del egoísmo; subleva siempre los corazones honrados; pero la de los hijos con respecto a sus padres, tiene aun un carácter más odioso.
Traída la reencarnación para los cimientos de los fenómenos socio-domésticos, no es solamente la relación de los padres para con los hijos la que asume un carácter de importancia, si no igualmente la que se verifica de los hijos para con los padres.
Los hijos no pertenecen a los padres de igual manera, como los padres no pertenecen a los hijos.
Los progenitores deben brindar un especial cuidado a sus propios retoños, más el deber funciona bilateralmente toda vez que los retoños del grupo familiar deben a sus progenitores una atención particular. Existen padres que maltratan a sus hijos e intentan esclavizarlos, cual si ellos fueran su propiedad exclusiva; aún, encontramos en ese mismo orden, hijos que agreden a los padres y buscan esclavizarlos, como si los progenitores fuesen sus servidores domésticos.
La reencarnación establece claros rumbos en cuanto al respeto muto que debe existir de unos para con los otros.
Entre padres e hijos hay naturalmente una frontera de aprecio, que no se debe ultrapasar, en nombre del amor, sin que el egoísmo aparezca, perturbando la existencia.
Justo es que los padres no interfieran en el futuro de los hijos, así como es claro que los hijos no cuestionen el pasado de sus padres.
Los padres no consiguen penetrar de inmediato en la trama del destino que los principios kármicos en el porvenir, les reserva a los hijos, y los hijos están inhabilitados para comprender, desde ahora, el enredo de las circunstancias en las cuales se hundieron sus padres en el pasado, a fin de que pudiesen volver del plano espiritual para el renacimiento en el plano físico.

Únicamente en el mundo de las causas, después de la desencarnación, les será posible entender claramente, acerca de los vínculos por los cuales se hallan imantados. Acúdase a razón de esto, al auxilio de religiosos, profesores, filósofos, y psicólogos, a fin de que la excesiva agresividad filial no caiga en la perversidad o en la delincuencia para con los padres y ni la excesiva autoridad de los padres llegue a violentar a los hijos, en nombre de la extemporánea o cruel desunión.
Padres e hijos son, originalmente, conciencias libres, libres hijos de Dios empeñados en el mundo en la obra del autoperfeccionamiento, rescate de deudas, reajuste y evolución. La leyes de la vida marcan la individualidad en el mismo grado de evolución.
Nunca se debe aplaudir el desprecio de los padres para con los hijos y viceversa.
No consideramos en el momento cualquier aspecto lírico en el tema afectivo. Presentamos, únicamente los principios básicos del universo.
La existencia terrestre es muy importante para el progreso y perfeccionamiento del espíritu; pero, al mismo tiempo, es una simple estancia de la criatura eterna en la escuela de la experiencia física a la manera del estudiante en el internado.
Los padres se asemejan a los alumnos, en condiciones más avanzadas, en el currículo de las lecciones; mientras que los hijos nos recuerdan a los estudiantes novatos, con acceso a la escuela bajo la guía de los compañeros que los precedieron, por orden de matrícula y aceptación. Y que los hijos jamás acusen a los padres por el curso complejo o difícil en el que se encuentren, en el transcurso de la existencia humana, pues en la mayoría de las ocasiones, fueron ellos mismos, los hijos, que, en la condición de espíritus desencarnados, pidieron a los padres a través de un afectuosa suplica o un suave proceso obsesivo, para que los trajesen de nuevo, a la vida física, de cuyos instrumentos se encontraban carentes a fin de encontrar el rumbo correcto, en el camino de su propia emancipación.

LibroVida y Sexo. Por el espíritu Emmanuel. 9. ed. Río de Janeiro: FEB, 1986, p. 77-80.

¿Cuál es nuestro deber para con los padres pobres?
Para con esos es que se demuestra la verdadera piedad filial. Debemos dar todo lo que hay de
mejor y más confortable, además de las atenciones y de los cuidados amables.

A los padres pobres, los hijos no sólo deben lo estrictamente necesario, sino también
lo poco nada superfluo, las solicitudes y los cuidados amables.


¿Qué ocurre con el mal hijo, es decir, aquél que no cumple los deberes de la piedad
filial, olvidando a los que lo ampararon en su infancia?
Será punido con la ingratitud y el abandono; será herido en sus más queridos afectos, algunas
veces en la existencia actual, pero con certeza en otra, en que sufrirá lo que hubo hecho a los
otros.
No compete a los hijos censurar a los padres, porque tal vez hayan merecido que estos sean tal como se muestran.

  Y los malos padres que descuidan los deberes que su condición impone con relación a
los hijos, ¿cómo queda?
Cada cual debe cumplir su papel. El de los hijos es honrar a los padres siempre, en cualquier
circunstancia. En cuanto a esos padres, compete a Dios juzgarlos y punirlos.

La piedad filial encierra todo el deber de los hijos en relación a los padres y se expresa por el amor, respeto, amparo, obediencia y tolerancia para con ellos, independientemente de haber cumplido o no sus deberes como padres.



HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

 “Sabes los mandamientos: ‘No cometas adulterio; no
mates; no robes; no levantes falso testimonio; no hagas mal a nadie;
honra a tu padre y a tu madre’.” (San Marcos, 10:19; San Lucas,
18:20; San Mateo, 19:18 y 19.)
 “Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largo tiempo
en la Tierra que el Señor tu Dios te dará.” (“Decálogo”, Éxodo, 20:12.)
Piedad filial Ca p í tulo XIV item 1,2,3 y 4 
 El mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”
es una consecuencia de la ley general de caridad y de amor
al prójimo, dado que no podemos amar al prójimo si no
amamos a nuestros padres. No obstante, el imperativo honra
contiene un deber mayor para con ellos: el de la piedad filial.
Así, Dios quiso mostrar que en el amor a nuestros padres
debemos incluir el respeto, las atenciones, la sumisión y la
condescendencia. Eso implica la obligación de cumplir para
con ellos, en forma aún más rigurosa, todo lo que la caridad
nos ordena en relación con el prójimo en general. Ese deber se
extiende, naturalmente, a las personas que hacen las veces
de padre y madre, y que tienen tanto más mérito cuanto
menos obligatoria es su devoción. Dios castiga siempre con
rigor cualquier tipo de violación a ese mandamiento.
Honrar al padre y a la madre no significa solamente
respetarlos, sino también ampararlos en la necesidad,
proporcionarles reposo en la vejez, y rodearlos de
cuidados, al igual que ellos lo hicieron con nosotros
durante nuestra infancia.
La verdadera piedad filial se demuestra, sobre todo,
en relación con los padres sin recursos. ¿Cumplirán ese
mandamiento los que suponen que realizan un gran esfuerzo
porque dan a sus padres estrictamente lo necesario para
que no se mueran de hambre, mientras ellos no se privan
de nada? ¿Cumplirán si los relegan a la habitación más
pequeña de la casa, sólo por no abandonarlos en la calle,
mientras reservan para sí mismos la mejor y más confortable?
¡Cuántas veces lo hacen de mala voluntad y los obligan a
pagar caro lo que les resta de vida, descargando sobre ellos
todo el peso de las tareas domésticas! ¿Corresponderá a
los padres, ancianos y débiles, servir a los hijos jóvenes
y fuertes? ¿Acaso la madre les cobró la leche cuando los
amamantaba? ¿Tomó en cuenta sus vigilias cuando ellos
estuvieron enfermos, o todo lo que debió caminar para
conseguir lo que necesitaban? No, los hijos no deben a sus
padres indigentes nada más que lo estrictamente necesario;
les deben también, en la medida de sus posibilidades, las
pequeñas satisfacciones de lo superfluo, la dedicación, los
amorosos cuidados, que apenas son el interés de lo que
recibieron, el pago de una deuda sagrada. Esta es la única
piedad filial que Dios admite.
¡Ay, pues, de aquel que olvida lo que debe a quienes lo
ampararon en su debilidad, que junto con la vida material
le dieron la vida moral, y que muchas veces se impusieron
duras privaciones para garantizarle el bienestar! ¡Ay
del ingrato, porque será castigado con la ingratitud y
el abandono! Será herido en sus más caros afectos, en
ocasiones incluso desde la vida presente, pero con certeza
en otra existencia, en la que habrá de padecer lo que haya
hecho padecer a los otros.
Es cierto que algunos padres menosprecian sus
deberes y no son para sus hijos lo que deberían ser. Con
todo, a Dios le corresponde juzgarlos, y no a los hijos. No
corresponde a estos censurarlos, porque tal vez hayan
merecido que sus padres fueran de ese modo. Si la ley
de caridad establece que el mal se pague con el bien, que
haya indulgencia para con las imperfecciones ajenas, que
no se hable mal del prójimo, que se olviden y perdonen
sus faltas, que se ame incluso a los enemigos, ¡cuánto
mayores no habrán de ser esas obligaciones en relación con
los padres! Los hijos deben, pues, adoptar como regla de
conducta para con la madre y el padre todos los preceptos
de Jesús relativos al prójimo, y tener en mente que todo
procedimiento censurable en relación con los extraños, es
todavía más censurable en relación con los padres, y que
lo que tal vez no sea más que una simple falta en el primer
caso, puede convertirse en un crimen en el segundo, porque
entonces a la falta de caridad se suma la ingratitud.
 Dios ha dicho: “Honra a tu padre y a tu madre, para
que vivas largo tiempo en la tierra que el Señor tu Dios te dará”.
¿Por qué Él promete como recompensa la vida en la Tierra y
no la vida celestial? La explicación se encuentra en esta frase:
“Que Dios te dará”, la cual, suprimida en la fórmula moderna
del Decálogo, altera su sentido. Para que comprendamos esas
palabras, es preciso que nos remitamos a la situación y a las
ideas de los hebreos en la época en que fueron pronunciadas.
Ellos todavía no comprendían la vida futura. Su visión no se
extendía más allá de la vida corporal. Tenían, pues, que ser
impresionados más por lo que veían que por lo que no veían,
razón por la cual Dios les habla en un lenguaje que está más
a su alcance, como si se dirigiera a niños, y les muestra en
perspectiva lo que puede satisfacerlos. Los hebreos todavía
se hallaban en el desierto, y la tierra que Dios les dará es la
Tierra Prometida, el objetivo de sus aspiraciones. No deseaban
nada más que eso, y Dios les dice que vivirán en ella largo
tiempo, es decir, que la poseerán por largo tiempo, en caso de
que observen sus mandamientos.
No obstante, al advenimiento de Jesús las ideas de
los hebreos ya estaban más desarrolladas. Había llegado
la hora de que recibieran una alimentación menos grosera,
de modo que el Maestro los inicia en la vida espiritual al
decir: “Mi reino no es de este mundo. Allá, y no en la Tierra,
recibiréis la recompensa de vuestras buenas obras”. Con
esas palabras, la Tierra Prometida material se transforma
en una patria celestial. Por eso, cuando Él los llama a la
observancia de aquel mandamiento: “Honra a tu padre y a
tu madre”, ya no les promete la Tierra, sino el Cielo. (Véanse
los Capítulos II y III E.S.E.)
REFLEXION
1.¿Cuál es el verdadero sentido del mandamiento “Honrad a vuestro padre y a vuestra
madre”?
Él encierra toda la obligación de los hijos ante los padres, traduciéndola por el amor, respeto,
atención, sumisión y condescendencia para con ellos. Es el deber de la piedad filial.
2 ¿Qué debemos entender por “piedad filial”?
Es la obligación incondicional que tenemos, ante nuestros padres, de cumplir para con ellos los
deberes impuestos por la ley de caridad y amor, del modo más riguroso que el demostrado al
prójimo en general.

3 ¿Padres son sólo los que generan el cuerpo?
No necesariamente. Los que hacen las veces de padres están incluidos aquí, incluidos, con
más fuerte razón hasta, por expresar una dedicación oriunda, muchas veces, de la práctica de
la caridad desinteresada y del amor al prójimo.

4 ¿Qué razón nos lleva a cumplir los deberes que abarca la piedad filial?
Nuestros padres son nuestros hermanos a quien Dios nos confió, en esta existencia terrena,
como responsables importantes de nuestra actual fase evolutiva.

"La familia es un crisol de purificación donde aprendemos la legítima fraternidad".

miércoles, 22 de abril de 2015

EL HOMBRE EN EL MUNDO

 Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os
odian, y orad por los que os persiguen y calumnian; porque si
sólo amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No
hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis solamente
a vuestros hermanos, ¿qué hacéis con eso más que los otros? ¿No
hacen lo mismo los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos, como
vuestro Padre celestial es perfecto.” (San Mateo, 5:44, 46 a 48.)
Cap XVII Item 10
Un sentimiento de piedad debe en todo momento
animar el corazón de los que se reúnen bajo el amparo del
Señor e imploran la asistencia de los Espíritus buenos.
Purificad, pues, vuestros corazones. No permitáis que en
él se aloje ningún pensamiento mundano o fútil. Elevad
vuestro espíritu hacia aquellos a quienes convocáis,
a fin de que, al encontrar en vosotros las disposiciones
necesarias, puedan esparcir en abundancia la semilla que
debe germinar en vuestros corazones y producir en ellos
frutos de caridad y de justicia.
Sin embargo, no creáis que exhortándoos sin cesar
a la oración y a la evocación mental, os comprometemos a
que llevéis una vida mística, que os coloque al margen de
las leyes de la sociedad donde estáis condenados a vivir. De
ninguna manera; vivid con los hombres de vuestra época,
como deben vivir los hombres. Renunciad a las necesidades,
aun a las frivolidades cotidianas; pero hacedlo con un
sentimiento de pureza que pueda santificarlas.
Estáis llamados a tomar contacto con almas de diversa índole, de caracteres opuestos: no choquéis con ninguno de aquellos con quienes os encontréis. Sed alegres, sed felices; pero que vuestra alegría sea la que proviene de una conciencia recta, y que vuestra felicidad sea la del heredero del Cielo que cuenta los días que faltan para quetome posesión de su herencia.
La virtud no consiste en revestirse de un aspecto
lúgubre y severo, ni en rechazar los placeres que vuestra
condición humana os permite. Basta con que dediquéis
todos los actos de vuestra vida al Creador, que os ha dado
esa vida. Basta con que, cuando empecéis o acabéis una
obra, elevéis vuestro pensamiento a ese Creador y le pidáis,
en un impulso del alma, ya sea su protección para alcanzar
el éxito, o su bendición por la obra concluida. Sea lo que
fuere que hagáis, remontaos al origen de todas las cosas.
Nunca hagáis nada sin que el recuerdo de Dios venga a
purificar y santificar vuestros actos.
La perfección reside por completo, como lo ha dicho
Cristo, en la práctica de la caridad absoluta. No obstante,
los deberes de la caridad se extienden a todas las posiciones
sociales, desde la más pequeña hasta la más grande. El
hombre que viviese aislado no tendría cómo practicar la
caridad. Solamente en contacto con sus semejantes, en las
luchas más penosas, encuentra él la ocasión de llevarla a
cabo. Así pues, aquel que se aísla, se priva voluntariamente
del más poderoso medio de perfeccionarse. Si no tiene que
pensar más que en sí mismo, su vida es la de un egoísta.

No imaginéis, por consiguiente, que para vivir en
comunicación constante con nosotros, para vivir bajo el
amparo de Dios, sea preciso que os mortifiquéis con el cilicio
y os cubráis de cenizas. No y otra vez no. Sed felices de
acuerdo con las necesidades de la humanidad. Pero que en
vuestra felicidad nunca entre un pensamiento o un acto que

pueda ofender al Señor o hacer que se empañe el rostro de
los que os aman y dirigen. Dios es amor y bendice a los que
aman santamente. (Un Espíritu protector. Burdeos, 1863.)

DIA DE LA TIERRA

"Agradecidos debemos estar los hermanos del camino al pisar el suelo terrestre de paso hacia la evolución.    Desde su magnetismo ella nos orienta y sus fuerzas gravitatorias nos sustentan".
 Hoy queremos referirnos a este hombre en su paso por la tierra a proposito de este dia.

Nicolás Camille Flammarion (1842-1925) fue un astrónomo francés que fundó la Sociedad Astronómica Francesa, un escritor prolífico y defensor del Espiritismo.



El Grabado Flammarion es una famosa ilustración aparecida en el libro de  L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888) en su página 163 y utilizada en multitud de ocasiones para representar el descubrimiento de la astronomía por el hombre. Esta enigmática ilustración, de autor desconocido, muestra un hombre (posiblemente un astrónomo) observando a través de la atmosfera terrestre como si ésta fuera una cortina que se pudiese apartar para observar el funcionamiento del Universo.

La xilografía de Flammarion se dice que apareció en le libro de Flammarion: L'atmosphère: météorologie populaire (La atmósfera: Meteorología Popular) en 1888, pero el verdadero origen no está planamente adjudicado. Se desconoce el artista original, pero posiblemente trabajó bajo la supervisión de Flammarion. El grabado original no tiene colores, la coloración fue añadida por subsecuentes artistas y aficionados; per eso es que hay diferentes esquemas de colores para esta grabado en madera. Acompañando el arte se encuentra esta inscripción: Un misionero medieval cuenta que ha encontrado el punto donde los cielos y la Tierra se encuentran ... Bueno, eso es lo que vemos a primera vista: una persona cruza el borde entre los Cielos y la Tierra.

Bueno, eso es lo que vemos a primera vista: una persona cruza el borde entre los Cielos y la Tierra.

 "Nuestro planeta ha sido nebulosa, luego sol y despues caos, entonces no existia ningun ser terrestre. La vida empezó por los organismos mas rudimentaros, progresando de siglo en siglo hasta llegar a su estado actual, que no es el último".
"La tierra no es mas que una provincia de la patria eterna;forma parte del cielo; este es infinito y todos los mundos forman parte de el".

Camilo Flammarion.(Del libro Petite Astrnomic Descriptive) 1877 que curiosamente contrariando las opiniones que decian creía que la tierra era plana,( tal vez por las ideas grandes que el tiempo diluye se dio este falso concepto) alli en el I Capitulo que se intitula" La Tierra es redonda", es descriptivo y explicativo  y se apoya en criterios y conceptos cosmograficos.