Pasar desapercibido, no llamar la atención sobre sí
mismo, ni siquiera sobre lo que se hace, pues en verdad toda obra pertenece al
Señor.
Por tanto ser humilde es estar ajeno a todo mérito
o reconocimiento que prodigue el amor propio. Se buscará la entrega total de
vida y obra, de resultados y triunfos que no son nuestros.
Al alcanzar esta manera superior de vivir, en que
la entrega absoluta de los resultados y de la vida misma en lo que tiene de
bueno y aprovechable alcanzaremos a escalar los primeros peldaños de la
humildad.
El olvido de sí mismo. El reconocimiento de nuestra
desvalía frente a la importancia de la Obra Divina y de la Divinidad misma. El
despertar de la conciencia considerando nuestra insignificancia y la
grandiosidad de la Naturaleza.
Ser capaz de engranarse en la obra que se
desarrolla, sin buscar ventajas, con absoluto desinterés, sin aprovecharse de
nadie...
Vivir la vida entera sin percibir siquiera que
podamos tener algún valor, mas, considerando lo valiosa que puede ser nuestra
entrega para ayudar el destino de otros...
Saber que la grandeza está en el conjunto de la
obra, donde participamos de una manera imperceptible, sin despertar envidias,
ni admiraciones innecesarias.
Buscar la felicidad en la conciencia tranquila, en
la conciencia feliz por el bien hecho.
Estos consejos no pretenden agotar un tema de por
sí extenso y profundo, sino crear sensibilidad sobre el rumbo de los caminos
que han de ser abiertos y transitados por todo aquél que quiera llegar a ser
humilde.
Como ocurre con todo asunto grave mientras más se
le estudie mayores serán los horizontes que se extiendan ante nuestra vista
asombrada ante la grandeza de la Obra Divina y la conciencia de nuestra propia
precariedad.
Nada lograremos sin esfuerzo.
Si queremos alcanzar valores superiores debemos
luchar para moldear nuestra naturaleza material, pero más que nada la disciplina del carácter, la
transformación del hombre animal en el ser angelical. Visión acabada de una
entidad que viene por siglos construyéndose a sí misma, a veces sin quererlo,
dejándose arrastrar por la fuerza de las cosas. Otras empujando el rastro de la
existencia, por el sendero apropiado, impulsándolo con la voluntad –esa fuerza
superior del alma– en el sentido correcto.
¡Nada podrá impedir que alcancemos las metas
anheladas!
¡Luchemos pues, con valor y denuedo seguros de
eliminar de nuestra alma, toda sombra, toda mácula, todo rastro de negatividad
para que podamos reflejar el brillo de la luz que emerge de nuestro yo,
liberado ahora de todo el peso, de toda la opresión que por siglos hemos
cargado:
El orgullo y el egoísmo, que venceremos para
alcanzar la ansiada humildad siguiendo las huellas de Aquél que lavó los pies a
sus discípulos y que siendo grande, no dudó en compartir la vida con los
pequeños y necesitados!
Todo camino tiene su comienzo, generalmente suele
ser una vereda o una senda que luego se amplía.
“Buscad y encontraréis” nos aconseja el Señor.
Busquemos, pues, todo lo necesario para cultivar la humildad, hoy y siempre.
Comunicación
recibida en la Sociedade Beneficente Bezerra de Menezes, en Campinas, SP,
Brasil, en la noche del 28/4/99, durante una reunión de psicopictografía o
pintura mediúmnica.
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